Fotografía

Encarnación y su recorrido


 


 

Yo tenía una buena cercanía con ENCARNACIÓN, en la casa de ella guardaba los equipos y cargaba las baterías mientras rodaba el documental URBÁNICOS. Su casa de madera, siempre estaba impecable. Siempre nos recibía con una gran sonrisa y dispuesta a conversar de la vida.

Encarnación vivía con dos hijas;el esposo y dos hijos trabajaban en el Putumayo, y cuando podían, les mandaban un giro. Cuando el giro no llegaba a ella le tocaba hacer el RECORRIDO. Encarnación me contó, que como había tantas mujeres que les tocaba hacer el RECORRIDO, notaron que la gente ya no les daba y se vieron obligadas a organizarse, los lunes era para el barrio Buenos Aires, el martes para La Milagrosa y así, pero que el mejor día era el Sábado que era en el Centro de Medellín.

A la abogada Lina Correa y a la investigadora Amparo Sánchez, les interesaba el tema como a mí, hablamos en distintas ocasiones con Encarnación y como a los seis meses, Encarnación nos dijo que listo, que la acompañáramos al RECORRIDO del sábado.

Nos encontramos a las cinco de la mañana en su casa, ella ya nos estaba esperando y dijo: "vámonos rapidito para poder llegar a todos los lugares de primeras", nos encontramos con Vilma una señora que conocía poco el recorrido, y a la que Encarnación guiaría.

Bajamos muchas escalas, nos metimos por varios callejones y llegamos al Centro, corrimos todo el tiempo, no había descanso. Ellas se encontraron con otra gente, a veces se reunían 50, otras 10 y otras ellas dos solas. Se tomaban caminos distintos, a veces llegábamos de primeros y otras de últimos.

En un deposito de venta de hierro nos dijeron que ellos cambiaban doscientos mil pesos todos los sábados en monedas de 200, que empezaban a repartirlas a las siete de la mañana y que a las diez de la mañana se acababan.

En el hueco en Calzado Montoya, repartieron diez pares de zapatos y a Encarnación le dieron un par, los ojos de Encarnación brillaron un poco mas de lo normal.

En una tienda sacaron un guacal de madera lleno de Ciruela de campo, a mí el olor me sacó corriendo, Encarnación se acercó, miró y se alejó. Otras seis mujeres se quedaron seleccionando lo poco bueno que había.

En pocos lugares le daban monedas a los hombres; escuchamos en un almacén de venta de materiales de tapicería que los hombres están es para trabajar, no para pedir.

En Barrio Triste, mientras caminábamos entre hombres llenos de grasa, salió uno de ellos de un camión y sacó un billete de cinco mil pesos y les dijo: "Tengo esto para repartir, ¿Quién me lo cambia?" Y al instante Rosaura otra mujer del asentamiento Altos de La Torre, le respondió: "yo tengo para cambiárselo". El mecánico le repartió los cinco mil pesos a todas las mujeres y hombres, incluida Encarnación.

Ya con la bolsa blanca y el morral lleno. Encarnación iba caminando por La Playa contando sus monedas, llegando a la Oriental me dijo, recogí seis mil doscientos cincuenta pesos, no estuvo mal, para el jaboncito...

Nosotros nos despedimos, ella siguió porque que la subida es de dos horas...

Encarnación siempre me recibió con una sonrisa y aguadepanela con hierbabuena, conversábamos mucho de su hija Rubí, que ella todo lo hacía por su muchacha.

El 29 de diciembre del 2008 nos llamó Lina Correa a contarnos que Encarnación había fallecido, luego nos llamo Rubí su hija...

Hicimos una recolecta y Rubí llevo a su madre a San Luis; el sueño de Encarnación era regresar a su pueblo.